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sábado

Nadie Venga a Perturbar mi Alma - Cuento


..."no quiero que nadie venga a perturbar mi alma de nuevo."











Melancolía, dolor, soledad, tres enemigos para todo el mundo, pero para mí son los que me han acompañado en las noches por cuatro años. Nadie calienta mi cama, a nadie le sirvo café por la mañana y sinceramente... No quiero; ya no quiero que nadie gobierne mi vida ni mis sueños en pro de los suyos. Ya no quiero ni permito que alguien me diga "No hagas esto" y los únicos celos que permito en mi vida son los de mi pequeña. No creo en promesas ni en un te amo que se lleve el viento, sólo creo en mí y en ella. 

Mi belleza y cuerpo están desperdiciados me dicen, sinceramente estoy muy feliz así, porque nada me hace falta en mi morada y no quiero que nadie venga a perturbar mi alma de nuevo.


martes

Mikhaïl Lérmontov - El Demonio


Extracto de “El Demonio”, Segunda Parte


TAMARA Y  EL DEMONIO


TAMARA: – ¿Quién eres tú? ¡Tus palabras son peligrosas! ¿Quién te envía a mí? ¿Cielo o infierno? Qué quieres de mí ?


EL DEMONIO: – ¡Qué hermosa eres!


TAMARA: – Pero habla; quién eres ? ¿Respuesta?


EL DEMONIO: – Yo soy el que escuchaste en el silencio de las noches; aquel cuyo pensamiento habló suavemente a tu alma; aquel cuya imagen viste en tus sueños y cuya tristeza apenas podías imaginar. Yo soy el que mata la esperanza desde que nace en un corazón. Yo soy el que nadie ama y que todo ser vivo maldice. El espacio y los años no son nada para mí. Soy el azote de mis esclavos de la tierra: soy el rey del conocimiento y de la libertad; ¡Soy el enemigo de los cielos y la maldad de la naturaleza y ves que estoy a tus pies! Les traigo una humilde y dulce oración de amor, mi primer sufrimiento aquí en la tierra y mis primeras lágrimas. Oh ! pero por lástima, escucha, podrías con una de tus palabras volverme bien y reabrirme los cielos; resplandeciente de tu casto amor, reaparecería allí, como un ángel nuevo en un resplandor nuevo; pero escucha te lo ruego, soy tu esclavo y te amo! Tan pronto como te vi, de repente en mi corazón, odié la inmortalidad y mi poder y envidié de mala gana las alegrías incompletas de la tierra. No vivir como tú sería doloroso para mí, y sería horrible vivir separado de ti. En mi corazón insensible, una llama inesperada se ha reavivado con mayor fuerza; y sentí el aguijón de mis viejas heridas despertar dentro de mí como una serpiente. Sin ti, ¿qué es la eternidad para mí? ¿Cuáles son mis dominios infinitos? palabras resonando en el vacío; ¡Un templo inmenso sin divinidad!


TAMARA: – ¡Déjame, espíritu traidor! Cállate, no creo en el discurso de un enemigo. Dios mio ! ¡ay, ya no puedo orarles! Un veneno mortal se apodera de mi mente debilitada. Escucha ! me perderás, tus palabras son fuego, es una poción venenosa ... ¿dices?. ¿Por qué te gusto?


EL DEMONIO: – ¿Por qué cariño? ¡Pobre de mí! no sé; lleno de nueva vida, con orgullo arranqué de mi cabeza criminal mi corona de infamia y tiré todo el pasado al polvo. ¡Mi cielo y mi infierno están en tus ojos! Te amo con un amor que no tiene nada terrenal y como si tú no pudieras amarte a ti misma. Te amo con toda la embriaguez y el poder del pensamiento y el sueño inmortales. Desde el principio del mundo tu imagen quedó grabada en mi alma; se me estaba mostrando en las inmensidades desiertas del espacio. Durante mucho tiempo su nombre agitó mi mente y resonó suavemente en mí. En los felices días del paraíso, solo yo te extrañé. ¡Oh! si pudieras entender lo amargo que es el dolor en una vida sin fin y todo sin compartir. Disfruta, sufre, pero nunca esperes elogios por lo malo ni recompensa por lo bueno. Vive solo para ti mismo; ser objeto de aburrimiento para uno mismo; y pasar por esta eterna lucha sin nobleza y sin esperanza de reconciliación. Siempre arrepentirme y no desear nada: saber todo, sentir todo, ver todo, odiar todo lo contrario a mis deseos y despreciar todo en el mundo. Desde el día en que la maldición divina me golpeó, las llamas apasionadas de la naturaleza se enfriaron para siempre para mí. Los espacios se extendían infinitamente ante mis ojos; Vi las estrellas, que conocía desde hacía tanto tiempo, cubiertas con sus adornos nupciales, deslizarse suavemente frente a mí, con coronas de oro: ¡Pero ay! ¡Ninguno reconoció a su hermano mayor!. En mi desesperación comencé a llamar a forajidos similares a mí; pero yo mismo ya no pude reconocer sus rostros ni sus voces con mi mirada perversa. Tan asustado que moví mis alas y comencé a correr rápidamente, pero ¿dónde? ¿por qué?. No sé. Mis hermanos mayores me habían rechazado y, como Edén, el mundo entero se volvió oscuro y silencioso para mí; yo era como un barco averiado, sin timón y sin velas, que nada como loco al capricho de las corrientes y las olas y no sabe adónde va; o como un copo de nube tormentosa que, al amanecer, se muestra como un punto negro en el horizonte celeste, y atreviéndose a no detenerse en ninguna parte, vaga solo, sin rumbo y sin dejar rastro. Solo Dios sabe de dónde viene y hacia dónde se dirige. Pero no pude gobernar a los hombres por mucho tiempo y enseñarles el pecado por mucho tiempo. Me era imposible difamar por mucho tiempo todo lo noble y blasfemar todo lo bello: fácilmente reavivé en ellos para siempre el ardor de la fe pura. ¿Fueron estos tontos e hipócritas dignos de mis esfuerzos? Luego me escondí en los desfiladeros de la montaña y vagué como un meteoro en medio de la oscuridad de una noche profunda. ¡El viajero solitario, perdido por este fuego fatuo que revoloteaba frente a él, rodó hasta el fondo de los precipicios con su montura y pidió en vano su ayuda! ... Y el surco sangriento de su caída torcido sobre la roca Pero los placeres del mal no me hicieron llover por mucho tiempo. Cuántas veces en mi lucha con el poderoso huracán, en medio de torbellinos de polvo, envuelto en rayos y vapores, me lancé con estrépito a las nubes; Me hubiera gustado poder en la multitud de elementos rebeldes, sofocar los murmullos de mi corazón; escapar del pensamiento inevitable y olvidar lo que no se puede olvidar. ¿Cuál puede ser el relato de las dolorosas pérdidas, el cansancio y los males, de las generaciones pasadas y futuras del género humano, en presencia de un solo momento de mis sufrimientos desconocidos?. ¿Qué son los hombres, cuáles son sus vidas y sus dolores?. Han pasado, pasarán; les queda la esperanza; les espera un juicio justo y, además del juicio, ¡todavía hay perdón! ¡Mi dolor está constantemente allí y, como yo, nunca terminará y nunca encontrará el sueño de la tumba! a veces se desliza dentro de mí como una serpiente; a veces me quema y brilla como una llama; a veces pesa en mi mente como la piedra pesada de las pasiones y esperanzas perdidas. ¡Mausoleo indestructible!


TAMARA: – ¿Por qué me haces saber de tu sufrimiento? ¿Por qué te quejas conmigo? ¡has pecado! ..


EL DEMONIO: – ¿Es contra ti?


TAMARA: – Se nos puede escuchar.


EL DEMONIO: – Estamos solos.


TAMARA: – ¡Y Dios!


EL DEMONIO: – No se dignará mirarnos; él está interesado en los cielos y no en la tierra.


TAMARA: – ¿Qué pasa con el castigo y la tortura del infierno?


EL DEMONIO: – ¿Qué te hace eso? ¡estarás ahí conmigo!

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Mikhaïl Lérmontov 

Escritor y poeta romántico ruso

1814-1841

Arte - Mikhail Aleksandrovich Vrubel - Tamara y El Demonio - Ilustración para el Poema "El Demonio" de Mikhail Lérmontov 1890

"Biblioteca Gustavo Riccio"

lunes

Philipp Ortmann - Fotógrafo

 

Philipp Ortmann

Fotógrafo

Alemania


Philipp Ortmann nos explica de donde se inspiró para esta serie de fotografías encargadas por la compañía M A L D I R E, fábrica de mallas para bailarinas. 

Se unen aquí tres elementos que son importantes para Revista El Bosco: el diseño del vestuario, el arte de la fotografía, publicitaria en este caso, y la historia sobre las bailarinas y sus gargantillas en el París del 1700. 

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"Recientemente tropecé con un pequeño libro encantador sobre los escándalos morales en el París del 1700, y me encontré (una vez más) la cruda verdad sobre ser una bailarina en ese momento bastante divertida. 

El teatro era en ese momento un trampolín social, profundamente conectado con la escena de la época. Los sueldos eran miserables, pero las jóvenes bailarinas y actrices luchaban por entrar allí. 

Desde 1716, los bailes de máscaras ocurrieron todas las noches en la ópera, para permitir que incluso los más ricos bailaran con las bailarinas del grupo, escondidos de manera segura por una máscara. 

Está bien, mi máscara aquí está totalmente arrancada dejando ver a  la María Antonieta de Sofía Coppola, demasiado linda para no sumergirse allí. Me tomé la licencia, cosa que lo siento y no lo siento.😀

En la mayoría de los casos, la belleza era suficiente para ganar protectores, amantes y vivir como una dama de ocio, una llamada “fille de l 'opera”. Las bailarinas se convirtieron de repente en un emblema de una belleza y un deseo inalcanzables. 

Avancé rápido unos años y aparecen las primeras gargantillas negras. Las gargantillas daban la apariencia deseada de un cuello alargado y se convirtieron en una señal tácita detrás de las cortinados. Las prostitutas parisinas también usaban un collar similar, como se muestra en el cuadro "Olympia" de Manet. 

En un mundo hecho por hombres para hombres, la dirección de la Opera de París facilitó hasta el siglo XX los encuentros entre hombres ricos y bailarinas al proporcionar a los primeros acceso al backstage y, sobre todo, al vestíbulo de baile, donde podían observar a las bailarinas de cerca y, eventualmente, tome una decisión. El acceso estaba disponible por una tarifa de suscripción sustancial. 

Quería que mi "Lucrecia", de dorados, mármoles y ébano, fuera una referencia a esa época, y de ahí la elección de hacer los últimos detalles solo exclusiva de la Consorte. 

Ya sé que hablo mucho, pero nunca me cansaré de contar la historia de porqué le puse una gargantilla, nuevamente, a la bailarina en cada foto. "


Philipp Ortmann  (Traducido con Google)




















































Foto y Edición de Philipp Ortmann, para  M A L D I R E

Modelo @caraagr 

Estilista y Maquillaje @icinferno

www.maldire.com

https://www.philipportmann.de/

Más información: https://www.instagram.com/maldiredancewear/?hl=es-la

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"Olympia" de Manet

Olympia es un cuadro realizado por el pintor francés Édouard Manet en 1863. Manet comenzó a trabajar en él en 1863 para presentarlo en el Salon des Refusés (Salón de los Rechazados) de ese mismo año. El nombre del cuadro no le fue dado por su realizador sino por el poeta Charles Baudelaire.











"Biblioteca Gustavo Riccio"


martes

Subte D - Sandra Russo - Cuento

 

"Creo entender, esta noche en el subte, que la mejilla del oficinista puesta en contacto directo con la mejilla de la nena pobre dice algo sobre la parte blanda de la condición humana." 










Subte D


Subte D, viernes, ocho de la noche. No mucha gente. Ya pasó la hora pico. Todos los asientos están ocupados, pero no son tantos los que van parados. Entre ellos hay un pequeño grupo de turistas norteamericanos muy jóvenes, cuatro o cinco. Hablan muy fuerte su lenguaje gomoso que parece extraído de HBO. En la estación Tribunales suben tres nenas pobres y desarregladas, aunque a ninguna de las tres les faltan sus trenzas. ¿Qué querrá decir una trenza en la cabeza de una nena pobre? ¿Qué mano y con qué propósito la habrá hecho? ¿A qué hora? ¿Habrá, esa mano, acariciado esa cabeza después de terminar de hacer la trenza? Dejan este tipo de dudas estas nenas. Una de ellas empieza a cantar una canción de Ricky Martin. Canta muy mal, pero su voz aflautada llena el vagón y, apenas termina, comienza su recorrido para recolectar monedas. Las otras dos nenas la siguen, como excéntricos guardaespaldas. La nena estira la mano ante un oficinista con cara de agotado. El mete la mano en el bolsillo y extiende cincuenta centavos. La nena agarra la moneda, pero en lugar de embolsarla y seguir su recorrido, agarra también la mano del oficinista, que se pone ligeramente en guardia. La nena se estira hacia la mejilla de él. Estampa un beso ahí. El oficinista sonríe. Dice: “De nada”, porque la nena después del beso le dijo: “Gracias”. La nena sigue el recorrido en la misma fila de asientos. Todos los pasajeros dan monedas y con todos se repite el rito. Gracias, de nada, beso.

“Increíble”, dice uno de los norteamericanos. No les resulta increíble la pobreza, ni la mendicidad infantil, sino el contacto físico al que ninguno de los pasajeros de ese asiento se ha resistido. Les resulta increíble que mejillas oficinistas, tribunalicias o universitarias –ya vamos por la estación Facultad de Medicina– se ofrenden para esa ceremonia que, a juzgar por las caras de todos, les resulta, se diría, hasta reconfortante.

“¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”, le dice Caín a Dios. El filósofo Emmanuel Lévinas, en Filosofía, justicia y amor, analiza esa frase. “No hemos de interpretar la respuesta de Caín como si él se burlase de Dios, o como si respondiese como un niño: ‘No he sido yo, ha sido otro’. La respuesta de Caín es sincera. En su respuesta falta únicamente lo ético; sólo hay ontología: yo soy yo y él es él. Somos seres ontológicamante separados.”

El sociólogo Zygmunt Bauman, en Etica posmoderna, toma a Lévinas para explicar cuáles son los supuestos que tras la caída de la modernidad unen a las personas, y cuáles son los lazos ante los que presuponemos debe emerger cierto tipo de responsabilidad. La nena es la nena, el oficinista es el oficinista. Ontología pura. “¿Dónde está tu hermano?”, le preguntó Dios a Caín. “¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”, es una respuesta que no da cuenta de ningún lazo, de ningún contrato, de ninguna responsabilidad. Dice Bauman: “La filosofía es una ética... la ética es antes que la ontología... la relación moral es antes que el ser”. La ética, en otras palabras, implica “descomponer identidades”, implica que Caín sea menos Caín, no tan Caín. La ética implica superar el ser hasta llegar a un mejor ser: la ética, en fin, implica sentir cierta responsabilidad por el prójimo, implica emparentarse incluso con una nena pobre que canta una canción de Ricky Martin en el subte.

La responsabilidad hacia el otro es, de acuerdo con estos filósofos de la ética, no el producto de un compromiso ni de una decisión personal sino más bien una convicción y una disposición al acto que nos viene de lo más profundo de esa identidad que se descompone. Se descompone el individuo para dejar aflorar lazos entre individuos. “La responsabilidad ilimitada en la que me encuentro proviene del otro lado de mi libertad”, dice Lévinas.

Los filósofos hablan difícil. Creo entender, esta noche en el subte, que la mejilla del oficinista puesta en contacto directo con la mejilla de la nena pobre dice algo sobre la parte blanda de la condición humana. La piel tempranamente áspera de la cara de la nena ha encontrado en el roce rápido contra la mejilla del oficinista un eco perdido de una respuesta que no es la de Caín sino la de alguien que de alguna manera vaga y misteriosa se siente responsable de su hermano.

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Sandra Russo
Periodista, escritora y editora.
Argentina - Buenos Aires
1959

Sitio Web de la Autora


"Biblioteca Gustavo Riccio"

La Esposa del CEO - Cuento



"Ella solamente gastaba. Callaba y gastaba. Hacía como que no sabía, y gastaba. " 


















La Esposa del CEO

La almohada estaba aún tibia y el libro de Miguel Hernández adornaba su mesita de luz con el señalador colocado en el poema "Me sobra el Corazón".

El CEO hacía números mientras se duchaba. Números. Estaba pensando en la gente. Y hacía números. Mientras su esposa aún dormía, la miró culposamente y se dirigió a la cocina a prepararse esos mates tan amargos como solitarios. Números.


En su conciencia intentaba encontrar los argumentos imprescindibles para no volarse la tapa de los sesos por vergüenza. Le preocupó ver el cuello de su nueva camisa con una pequeña arruga. "Es que hoy vienen a tomar el té los opositores...¡¡Já!!..mirá vos. Los del bloque opositor....¡¡y vienen a mi casa !! ¡¡Cuántos se deben estar remordiendo de envidia!!


Mientras salía de su casa remodelada, el chofer lo miró con el mismo desprecio de siempre y lo saludó con la cínica amabilidad de cada mañana. El CEO se sentía importante en el barrio cada vez que el auto con vidrios polarizados arrancaba a toda marcha. Miraba a través de la ventanilla y veía a sus vecinas barrer la basura como alguna vez lo hizo su propia madre. Lo invadía una molesta sensación de que siempre sentía que la lanzaban hacia el mismo sector, es decir, hacia su rostro.

Llegó a su despacho y recibió el primer llamado. Ningún hombre es importante si no recibe llamados. Ningún CEO es importante si no está hablando por teléfono o celular. Ingresó a la página de Internet de su banco. Quería ver si sus cuentas aún estaban claras. No por transparente. Sino porque le encantaba enfrentarse cada mañana a semejante cantidad de ceros mal habidos y poner a prueba su resistencia ante los principios.


Su esposa, mientras tanto, no salía a la calle a barrer. Para eso estaba la mucama. Y no es que le faltara tiempo. No se animaba a dar la cara en el barrio. "Esas hipócritas...no pueden ver que a una le empiece a ir bien que ya se ponen a decir pavadas". Ella también buscaba excusas para no utilizar la segunda bala. Ella era cómplice que, a veces, es peor que ser delincuente. Ni siquiera era capaz de apropiarse de lo ajeno e inventar argumentos dialécticos para desviar la discusión hacia el empobrecimiento de los países emergentes. Ella solamente gastaba. Callaba y gastaba. Hacía como que no sabía, y gastaba. Era una prostituta y lo sabía.


Fingía decencia solo a cambio de que no se note que todo en casa era un intercambio. Es que ambos, ella y su marido el CEO, tienen en su historia demasiados testigos que pueden dar fe de lo pobres que fueron. Y de lo miserables que son hoy. Encendió el televisor y escuchó hablar sobre su marido: "La oposición visitará la casa del CEO del Grupo para intercambiar opiniones sobre el futuro del país". Ella escuchaba.


Recordó por un momento los sonidos de su madre en la cocina en su casa de "acá a la vuelta". Y hoy era miércoles. Mamá seguro que se va a juntar con esos zurdos para reclamar por su jubilación. Cuando el hastío de ser la señora del CEO reapareció, tomó la revista que estaba sobre la mesa del living. Estaba aún sin abrir. Y encima escrita en inglés. "Cómo me hubiera gustado aprender inglés"- pensó. ¿A ver si me acuerdo algo del secundario? Y abrió la revista a la altura de la página siete. Y leyó. No entendía bien pero trató de traducir en su mente esa frase. Decía..."Paso Alto- California: The psichiatry doctors arrived to one conclusion".


"Los.doc..tores en psiquiatría arri...baron a una con...clusión". La mujer del CEO río sonoramente ante el logro. ¡¡Estaba leyendo en inglés!! Eso le permitía no sentirse solamente "la mujer del CEO". La siguiente frase le resultó más fácil de traducir: "La única forma de lograr el equilibrio psíquico es mediante una conciencia tranquila".

Se dirigió al dormitorio pensativa. Solo por curiosidad abrió el libro que su marido había ojeado anoche antes de dormirse. Y leyó: "cortar este dolor..¿con qué tijeras?...no sé porqué ni cómo me perdono la vida cada día".

Por Dante López Foresi
Periodista. Director de Agencia El Vigia.  (@AgenciaElVigia) -Twitter

Publicado en Agencia EL VIGÍA 

https://www.agenciaelvigia.com.ar/editoriales/nota/la-esposa-del-ceo/

Arte: Sasha Simon • lolariostyle Fashion lover

"Biblioteca Gustavo Riccio"

viernes

Voltaire - Infinito - Cuento


"Nosotros lo llamamos inmenso, porque no lo podemos medir. ¿Qué resulta de todo esto?"


















Del: Diccionario Filosófico - Tomo VII


Infinito

Parte 1

¿Quién me dará una idea clara del infinito? Porque yo jamás he tenido más que una muy confusa. ¿Consistirá esto en que yo soy excesivamente finito?

¿Qué quiere decir andar siempre, sin adelantar jamás? ¿Contar siempre, sin hacer la cuenta? ¿Dividir siempre para no encontrar nunca la última parte?

Parece que la noción del infinito está en el fondo del tonel de las Danaides.

Sin embargo es imposible que no haya un infinito. Está demostrado que se ha pasado una duración infinita.

Principiar a ser es absurdo, porque la nada no puede principiar una cosa. Desde que existe un átomo, es necesario concluir que hay alguna cosa de toda eternidad. He aquí pues un infinito en duración rigurosamente demostrado. Pero, ¿qué es un infinito pasado, un infinito que yo detengo en mi entendimiento en el momento que quiero? Yo digo, he aquí una eternidad pasada; vamos a otra; y distingo dos eternidades, una antes y otra después de ahora.

Cuando reflexiono en ello, me parece ridículo: y percibo que he dicho una necedad al pronunciar estas palabras: "una eternidad ha pasado, y entro en una nueva eternidad."

Porque en el momento que yo hablaba así, duraba la eternidad, el tiempo corría, y no podía creerlo detenido. La duración no puede separarse. Y pues que alguna cosa ha existido siempre, alguna cosa existe y existirá siempre.

El infinito en duración está pues atado con una cadena no interrumpida. Este infinito se perpetúa en el instante mismo que yo digo que ha pasado. Este tiempo ha principiado y acabará para mí; pero la duración es infinita.

He aquí pues un infinito encontrado, sin que no obstante podamos formarnos una noción clara de él.

Se nos presenta un infinito en espacio, ¿Y qué se entiende por espacio? ¿Es un ser? ¿o es nada?

Si es un ser, ¿de qué especie es? Nadie me lo podrá decir. Si es nada, esta nada no tiene ninguna propiedad; ¡y se dice que es penetrable e inmenso! Yo me veo tan embarazado que no puedo ni llamarlo nada, ni llamarlo alguna cosa.

Sin embargo yo no sé ninguna cosa que tenga mas propiedad que la nada; porque saliendo de los límites del mundo, si los hay, os podréis pasear en la nada, pensar y edificar en ella, si tenéis materiales; y esta nada no podrá oponerse a nada de lo que queráis hacer; porque no teniendo ninguna propiedad, no puede oponeros ningún impedimento. Pero pues que no puede perjudicaros, tampoco puede serviros en nada.

Se pretende que Dios crió así el mundo en la nada y de la nada: esto es abstruso, y sin duda vale más pensar en su salud, que en el espacio infinito.

Pero nosotros somos curiosos, y hay un espacio. Nuestro entendimiento no puede encontrar ni la naturaleza, ni el fin de este espacio. Nosotros lo llamamos inmenso, porque no lo podemos medir. ¿Qué resulta de todo esto? Que hemos pronunciado palabras.

Voltaire.
Escritor, historiador, filósofo y abogado.
Francia
1694-1778

Arte: Moreau le Jeune Portrait Voltairs, aus Œevre complète de Voltaire, Paris 1846.

"Biblioteca Gustavo Riccio"

jueves

Mi Patio - Cuento


"La magnolia que sirve de centro y en cuya copa anidan gorriones, surge gigante, extraña, esquelética, reflejando en el paredón el zigzag de su ramaje."













Mi Patio

A Albino Chiariello, intenso, individual y estremecedor paisajista de extramuros.

Yo también tengo mi patio, un patio pintoresco y humilde, alegre y sombrío; un patio que en las tardes invernales se sume en penumbra y durante la primavera resplandece de luz. 
Yo siento por mi patio un apego orgánico, que aumenta con los años. Es una especie de íntimo cariño, como el que sentimos por un rostro familiar, por un objeto querido, por el retrato de un ausente, por la voz templada y afectiva que oímos de la madre al regresar de un largo viaje... 
Lo quiero, porque en él aprendí a caminar, porque ha sido el sitio de mis primeros juegos y el mudo testigo de las nacientes ilusiones. Lo considero mío, porque allí pasé horas gratas y feas, felices y trágicas. No en balde transcurrieron veinte años, la mitad de una existencia. En cuatro lustros ocurren grandes acontecimientos y se ven muchas cosas; una vida santa, que cierra los ojos con la resignación del cristiano; otra vida pura, que agoniza poco a poco en el cuarto silencioso; otra más, tenaz y fuerte, que se quiebra a pesar de todo. ¿Hay algo de mayor intensidad que esto? Luego, el mundo de sensaciones cotidianas, simpáticas y siempre nuevas. Oír, al levantarse, pasos que se alejan, murmullos de voces, correrías de niños. Contemplar la casa a distinta hora y en diversa estación. Sentir el placer de estar solo y en compañía. Pasar, en fin, por una escala de matices sensoriales, que en conjunto constituye la vida. 
Por lo tanto, emotivamente, para mí vale más que una mansión señorial. 
Esta noche el patio aparece blanco. Mientras los demás duermen, yo lo miro extasiado. La luna derrama una transparente claridad, que es gris de escarcha en la ropa tendida; capullo de seda en los intersticios de las hojas; nieve, nieve pura, pero cálida, en los cuadrados que tapiza el suelo. Por los rincones vagan las sombras. Algunas se alargan, finas, traslúcidas; otras cortadas; otras curvas; otras densas, voluminosas. 
La magnolia que sirve de centro y en cuya copa anidan gorriones, surge gigante, extraña, esquelética, reflejando en el paredón el zigzag de su ramaje. Las plantas, húmedas de rocío, se abisman en la sombra y parpadean en la láctea lunar. Las puertas cerradas, se dirían de ermitas o celdas conventuales. En sus vidrios blanquea la cortina de la gente pobre. Los postigos, sin embargo, atajan el claror nocturno. Pero en mi pieza penetra, porque la he abierto de par en par, ansioso de verla siquiera un instante envuelta en rica magnificencia. 
Es la hora del conticinio, la hora del general silencio. Nadie lo turba, nadie anda. Todos yacen en la cama, entregados al descanso, que es el egoísmo del único bienestar que gozan. Sólo a intervalos interrumpe el silencio las armónicas campanadas de un gran reloj cercano, cuyos golpes suenan en el fondo acompasados y lentos: pam, pam, pam. Luego, otra vez la calma, el misterio, la idealidad. 
Esta noche mi patio es la poesía misma. Nunca termino de acariciar con los ojos su aspecto subjetivo. Principalmente el octogonal aljibe y esas sábanas que caen de las cuerdas, serenas, amplias como velas desplegadas. ¡Qué fresca sensación producen las ropas tendidas! ¡Cuánta pureza y blancura! ¡Cómo atraen en la honda quietud de la alta noche y en un patio original como el mío! 
Yo estoy solo, y lo mismo que el inmortal poeta de las Noches , 
                                   Plego mi boca y callo 
                                   para escuchar en silencio, 
                                   mi corazón hablar bajo. 
Yo estoy solo, y siempre quisiera que mi soledad fuera así, mezcla de esperanza, de afirmación y ensanchamiento emocional. Yo estoy solo, y velo por lo otros, tristes seres de caras afligentes y miradas pálidas, que viven en la penuria. Mi aliento es para ellos, mi espíritu los acompaña, porque son parte de mi existencia. En cada corazón anhelaría depositar una luz que los guíe eternamente. En cada cueva desearía que entrara una nubecilla de luna. Mas, ved; los postigos permanecen herméticos y todos duermen ajenos a mi lirismo. No quieren saber nada de estas cosas. Pero yo respeto esa indiferencia. Que duerman dichosos... 
La noche avanza, el alba se aproxima. Mientras el día viene, de súbito, bruscamente, oigo que un hombre tose, tose fuerte, bramando, con sacudidas espasmódicas capaces de romper las entrañas. Sus arranques me ataladran los oídos. Y me pongo a pensar. He ahí otro árbol que cae y ya no sirve para nada; otra vida inútil que aguarda a la Ingrata. 
Mi patio es así, pintoresco y terrible, luminoso y sombrío, alegre y trágico. De día lo anima el ir y venir de vecinos. De noche se recoge. En verano es algo que causa solaz y en invierno nubla los ojos, atrista el alma y hasta provoca la tos. A veces me parece el paraíso y otras el luctuoso patio de un hospital. 
Por todo esto yo lo amo.

Extracto del Libro: La Casa por Dentro
Juan Palazzo (1893-1921)
Primera edición, Buenos Aires, Imprenta López, 1921.

Arte: Monochrome Patio by Daniela Ruppel - Flickr

"Biblioteca Gustavo Riccio"

miércoles

La Silla Bacilosa - Cuento


"Tenía esta silla, el alma de Cenicienta. "

















La Silla Bacilosa

Tenía esta silla, el alma de Cenicienta. Trabajaba día y noche ofreciéndose al cansancio o al aburrimiento del primer parroquiano, en un bodegón infame en cuyo techo de vigas ennegrecidas por las moscas y el hollín había reminiscencias de cocina hogareña. 
Siempre humilde y sufrida, permanecía en su puesto con la adhesión incondicional de una vieja nodriza, soportando estoicamente el petulante balanceo del cómico de la lengua o el cansancio enfermizo del lunático bebedor de ajenjo, como Verlaine. Ella guardó el secreto de muchas vidas intensas. Gerardo de Nerval, una noche, le dijo al oído que se ahorcaría del primer farol.
Los mozos de servicio, inconscientemente, fueron adquiriendo algo de su alma. Los días de descanso aburríanse por las calles y volvían a la taberna. Pero nunca, nunca, llegaron a comprenderla. Por eso la trataban brutalmente. Jamás le fué dado respirar el aire libre, permaneciendo oculta entre las nubes de humo, las emanaciones de los cuerpos y el vaho nauseabundo que envolvía la atmósfera del bodegón.
Vivía la vida mísera y sentimental de una camarera de caféconcierto. Y se enfermó de un mal incurable. Gajes del oficio. Alguien la había contaminado. Quizá algún sujeto tabernario de esos que beben vino y escupen sangre o algún periodista hambriento que apoyara en ella su desconsuelo.
La pobre silla bacilosa continuaba heroicamente en pie. Pero una noche no pudo resistir el peso de un cuerpo, sintió flaquear sus piernas y se desplomó lanzando un débil gemido. Al día siguiente la llevaron al hospital, pero no tuvo cura. Tenía la piel de madera agujereada. Como si hubiese padecido viruelas.
Triste destino el de esta silla obrera, más útil que cualquier cachivache de museo.
Murió de enfermedad contagiosa y sus restos fueron arrojados a la estufa.
Se consumió sin un reproche, arropando la estancia en tibieza de nido.
El fuego, gran purificador, la convirtió en cenizas.

Fin

Enrique González Tuñón.
Escritor, periodista y novelista.
Buenos Aires, Argentina.
1901- 1943

Arte: Mario Pellerito  

Del Libro: El Alma de las Cosas Inanimadas (1927)

"Biblioteca Gustavo Riccio"

viernes

Carlos Solari - El Beso de Panrayado - Poesía Quinqui



"... El beso de todos nosotros."
















El Beso de Panrayado

Allí estás, querido Panrayado, con las papelas de la cana. Todo encima, con cara de liebre muerta. Midiendo la calidad de tu revolver. Amenazando al cajero. Tartamudeando sin poder decirle que debe hacer.
La nuca del "vigi" le justifica el sueldo, ¿qué tal un cohetazo en el culo?. Los clientes están con la cara pegada al suelo y Panrayado los atiende con el corazón hecho una piedra mientras escucha risas en el taller del diablo.
Panrayado, el chico de los astilleros, está por vengar sus sueños. Bailar como un pato mareado en una merienda de lobos. Bailar con un hueco en el lugar del corazón. Con la angustia más primitiva.
Zumban las primeras moscas. Una voz de megáfono grita que estás perdido. Ese pelituco picotibio, puto como un sol, es el secretario del juzgado. Tiene la piel tostada y es muy joven. ¿Un último pico para la relamida? ¿Podrás negociar con rehenes recién chutado?
El pelituco te mira las marcas en los brazos mientras su mambo te aprieta con severidad. Hace un discurso exhibicionista en el que baraja los minutos:

- Pibe... la manteca ya no está en los bancos.-

Y sigue haciendo tiempo y te relame con palabras y sobre todo te promete que va a soplar la brasa ahí afuera para que no te apaguen los federicos.
Panrayado baja el "seisluces" (un "perro" viejo y con el número mal limado). Imposible mayor desnudez. Mientras tanto la calle es una bolsa de ratas.
- A un perro se lo cura como se cura a un perro- dice el himno de Tangópolis. Robar la vida es el robo final. Unos guiños traidores te anuncian que la bella señora te espera en un baldío.
Te espera con el beso de Panrayado. El beso de todos nosotros.

Carlos Alberto Solari
Poeta, músico.
Argentina
1949

"Biblioteca Gustavo Riccio"

lunes

Daniel Glattauer - Querida Emmi - Cuento



Creamos personajes virtuales, confeccionamos irreales retratos robot el uno del otro. 

















Querida Emmi: 

¿Has notado que no sabemos nada el uno del otro? Creamos personajes virtuales, confeccionamos irreales retratos robot el uno del otro. Formulamos preguntas cuyo atractivo reside en que quedan sin respuesta. Pues sí, nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro y a seguir alimentándola al no satisfacerla de manera definitiva. Intentamos leer entre líneas, entre palabras y pronto entre letras tal vez. Hacemos grandes esfuerzos por juzgar bien al otro. Y al mismo tiempo nos preocupamos de no desvelar nada importante de nosotros mismos. ¿Qué quiere decir nada importante? Nada de nada, aún no hemos contado nada de nuestras vidas, nada de lo que constituye la vida cotidiana, de lo que podría ser importante para algunos de los dos. Nos comunicamos en el vacío. Hemos tenido la gentileza de confesar a qué actividad profesional nos dedicamos. Tú en teoría me harías una bonita página web y yo, a cambio y en la práctica, la someto a (malos) psicogramas linguísticos. Eso es todo. Sabemos por una deplorable revista que vivimos en la misma ciudad. ¿Y qué más? nada. No vivimos en ninguna parte. No tenemos edad. No tenemos rostro. No hacemos distinción entre el día y la noche. No vivimos en ninguna época.Lo único que tenemos son nuestras dos pantallas, cada cual de manera estricta y secreta por su cuenta, y compartimos una afición: nos interesamos `por una persona absolutamente desconocida. ¡Bravo!  


Extracto Del Libro: "Contra el Viento del Norte" 

Daniel Glattauer
Escritor
Viena, Austria
1960

www.daniel-glattauer.de

"Biblioteca Gustavo Riccio"

sábado

La Nucha.- Cuento


Antes era amante del comisario, del subcomisario, del inspector y del auxiliar. Ahora la pobre es un desecho.


















La Nucha.

Me río de la bondad del mundo y de la justicia de los hombres. Ahí tiene a la Nucha. Hace algunos años le permitían que vendiera drogas a todos los viciosos de Buenos Aires. Ahora la persiguen, la encarcelan y le niegan las dosis de morfina que necesita para seguir muriendo lentamente. Antes era amante del comisario, del subcomisario, del inspector y del auxiliar. Ahora la pobre es un desecho.
Eran las tres de la mañana. La lluvia descendía melancólicamente sobre la ciudad. Caminábamos juntos, con las ropas mojadas, los zapatos encharcados, la cara y las manos húmedas, cada uno con su pensamiento abriendo a la honda pena humana el refugio cálido del alma.
Me pregunté desesperado:
-¿Por qué habrá muerto mi madre?
Recordé su voz en la negra soledad.
-Hijo, hijo, hijo mío... Yo te protegeré siempre. Jamás te faltará el calor del hogar.
El mundo es un desierto. Soy un hombrecillo anónimo, un dolor anónimo en la inconmesurable superficie de la tierra. Quisiera llamar a mi madre para que me diera su caricia y levanto al cielo la mirada. ¿En cuál estrella se habrá asomado para proteger mis pasos?
Indalecio me toma del brazo y me dice:
-Tristeza, tristeza, tristeza, amigo móo.
No tengo un cobre. No tengo a quién pedir un cobre. He agotado todos los recursos. Desde hace ocho días me alimento con café con leche recalentada.
He digerido ya mi honestidad. Pienso que después de todo soy un hombre liberado; un hombre que arrojó por la ventanilla de su desván de miseria el lastre inútil de la honestidad.
Al fin de cuentas, ¿qué es un hombre honesto? Un fabricante que explota a cientos de obreros, paga impuestos cuando no puede eludirlos con una coima, cumple con las reglamentaciones legales, engorda, cohabita con libreta de registro civil, educa a sus hijos en la misma escuela, come con voluptuosidad animal, acupa su butaca en el teatro, se deleita con la música empalagosa, eructa y se duerme pacíficamente, es un hombre honesto.
El empleado que acepta su situación de síbito, escala puestos, es el perfecto alcahuete del amo, vende a sus compañeros por mucho menos de treinta dineros, obedece al horario, goza su licencia, fabrica hijos y se pavonea con la mujer preñada, es un hombre honesto y, además, un hombre que mira por su porvenir.
El funcionario que usufructúa una posición holgada conquistada horizontalmente horizontalmente por su cónyugue; el canalla político que alienta encomiísticas aspiraciones de inmortalidad, son señores honestos.
Estoy harto de la honestidad. Harto de las personas honestas. Asqueado de la mediocridad con dos patas. El abdomen burgués me produce asco.
Me indigna la injuria de esa bestia que se nutre junto a la vidriera del restaurant abofeteando a la miseria que pasa. La imparcialidad me revienta e igual me acontece con la vida normal. ¿Qué es la vida normal? Vivir sin una aspiración, vegetar pasivamente. No tener jamás un sueño luminoso ni alumbrar la oscura existencia con un rayo de locura.
¿Para qué quiero cien años de vida normal? La rabia se transforma en lástima y compadezco a esas pobres criaturas normales que quedan bien con todo el mundo. Con la ley y con Dios. Para obtener su asiento en el Paraíso les basta con la señal de la cruz, bajo las abrigadas cobijas, en compadecer a los desdichados que se mueren de frío en los umbrales inhóspitos.
No tengo un cobre. No tengo honestidad. La he regalado al mundo. Venga en buena hora la locura, la ardiente locura de un sueño que será mi eternidad. Comprendo al individuo estrafalario que vivaba a los faroles encaramado en un poste telegráfico, pues de cada farol un día no lejano será necesario colgar un canalla.
He llegado al hotel. En la puerta recórtanse las figuras de los facinerosos. Al acercarme me observan con minuciosidad de policías y en el instante de transponer el umbral uno de ellos musita:
-Parece un chorro.
Voy subiendo la escalera del hotel y el edificio me pesa sobre el alma. Por primera vez cuento peldaños. Son sesenta y cada uno se empina en mi orfandad. En el "hall" descubro a un amigo de otros tiempos y siento que me mortificaría si supiera que todas las noches duermo allí, porque me humillaría con sonreír compasivo. Y en el momento en que me decido a explicarle que he perdido el tren -un tren cualquiera que pudiera llevarme a un hogar- el hombre del hall descubre mi intención y no me da tiempo a mentir. Con sorna, seguro de que me está haciendo daño, deja caer estas palabras:
-Amigo, hoy no hay cama para usted. Ni de un peso, ni de un peso cincuenta.


Fin


Enrique González Tuñón.
Escritor, periodista y novelista.
Buenos Aires, Argentina.
1901- 1943

Arte:  Otto Dix 

Del libro: Camas desde un Peso 


"Biblioteca Gustavo Riccio"

 
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